Los flavonoides son pigmentos naturales presentes en los vegetales que protegen al organismo de determinados daños producidos por sustancias o elementos oxidantes y nocivos que existen en los alimentos, los rayos ultravioletas y la contaminación ambiental.
Existen miles de flavonoides en plantas, frutas, verduras, el vino, el té negro y verde, la cerveza…
Los flavonoides poseen propiedades muy apreciadas en medicina, como antimicrobianos. Al limitar la acción de los radicales libres, los flavonoides reducen el riesgo de cáncer, mejoran los síntomas alérgicos y de artritis, aumentan la actividad de la vitamina C, bloquean la progresión de las cataratas y la degeneración macular, evitan los sofocos en la menopausia…
Las propiedades que han sido demostradas y avaladas, de las numerosas que se les atribuyen, son como estimulantes circulatorios, disminuyen la fragilidad y la permeabilidad capilar, reforzando la resistencia de los mismos.
Además inhiben ciertas enzimas que intervienen en los procesos inflamatorios, por lo que son aprovechadas sus propiedades descongestivas y antiflogísticas. Al disminuir la permeabilidad capilar y aumentar la resistencia de los vasos sanguíneos son antiedematosos y estimulantes de la circulación. La suma de estas propiedades los hace útiles en procesos como la celulitis.
Los flavonoides son también usados como colorantes, ya que al ser los pigmentos visibles de la mayoría de las plantas, se asocian con sales en tinturas para el cabello.
También son atrapadores de radicales libres, tanto en la fase inicial como en la de propagación. En consecuencia, protegen a la membrana de la célula y por ende todos los procesos de la misma, frenando su deterioro, con un efecto antienvejecimiento, proclamado en productos anti-aging.

Ejemplos de plantas con flavonoides son la manzanilla, el tilo, la caléndula, el crataegus, el ginkgo, el árnica, la pasiflora, el trébol, la aquilea, el sinfito, entre muchas que también los presentan minoritariamente.

Los flavonoides fueron descubiertos por el premio Nobel Sent György cuando en 1930 aisló de la cáscara del limón una sustancia, la citrina que regulaba la permeabilidad de las pequeñas arterias.

En crisálida utilizamos muchas de estas plantas en nuestras emulsiones y ungüentos gracias a todas sus cualidades y propiedades.

No dejéis de probar nuestras creaciones!!!

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